sábado, 16 de enero de 2010

21 días en Marruecos (3): Rabat

(esta entrada fue publicada en archipielagonoticias el 14 de agosto de 2009 y forma parte de una serie dedicada a un viaje de 21 días por Marruecos en septiembre de 2008).

Sigo con mis 21 dias en Marruecos.
Desde Casablanca tomé un tren a las 14.00 en la estación de Casa Port a Rabat Ville. El precio en 1ª clase en septiembre de 2008 eran 55 dirham.

Rabat fue punto de tránsito de fenicios y cartagineses, donde en el s. III se creó un asentamiento conocido como Chellah en el que en el 40 d. C., los romanos crearían el asentamiento de Sala Colonia.

 
 
Foto: Ruinas de Chellah
Autora: Marta Leonor Vidal García

En el siglo X Rabat se construyó como ribat (monasterio fortificado) usado como base para incursiones almohades en la Península Ibérica y luego se transformó en kasbah (alcazaba).





Foto: Kasbah de los Oudaia
Autora: Marta Leonor Vidal García


Rabat fue en el siglo XII la capital de Yacoub Al Mansur que dejó inacabados a su muerte varios proyectos arquitectónicos como el conocido minarete de Hassan.




Foto: Minarete de Hassan
Autora: Marta Leonor Vidal García

A partir del XVII Rabat que había entrado en decadencia volvió a cobrar importancia por la llegada de numerosos moriscos expulsados de España, igual que la vecina Salé, dedicada a la actividad corsaria. En la Kasbah de los Oudaia los moriscos crearon una república pirata que traería en jaque la seguridad de las naves europeas.

Con el establecimiento del protectorado de Marruecos, la ciudad quedó bajo el control francés fijándose allí la capital administrativa en 1912. Ya en 1956, tras la independencia de Marruecos, Rabat se convirtió en la capital del país.

Rabat me pareció una ciudad muy agradable para pasear, con un ritmo de vida más relajado, quizás por ser una ciudad abierta al mar y con mucha menor masificación turística y menos agobiante que otras ciudades de Marruecos.



Foto: Kasbah de los Oudaia
Autora: Marta Leonor Vidal García

De alojamiento la Avenida Mohammed V ofrece bastante oferta de hoteles. Me quedé en el Hotel Balima, una buena opción en precio medio (en septiembre de 2008 estaba la doble a 500 dirhams y la individual a 420). Está muy bien ubicado en plena Avenida Mohamed V, con una terraza muy agradable donde sentarse a tomar algo. Se llega caminando desde la estacion de tren (está enfrente muy cerca y no hay que coger taxi)


Ave Mohamed V
Tf: 212 537 707755- 212 537 83 25- 212 537 79 67

Otra recomendación más económica, pero que en aquel momento no tenían habitaciones disponibles:

Hotel Splendid
8, rue Ghazza
Tf: 212 537 72 32 83

La misma tarde de la llegada fui a visitar la Torre Hassan, el alminar inacabado de la gran mezquita que ordenó construir Yacub el Mansour en 1195 y que quedó interrumpido a su muerte en 44 metros, 20 menos de los que tenía previsto alcanzar. De estilo parecido al de la Koutoubia de Marrakech y la Giralda de Sevilla, está situado en una explanada con columnas de mármol que son los restos de una mezquita destruida en un terremoto en el s. XVIII. (entrada gratuita)



Foto: Minarete de Hassan
Autora: Marta Leonor Vidal García

Al lado de la Torre Hassan está el complejo del Mausoleo de Mohamed V, donde están enterrados Mohammed V y Hassan II, el abuelo y el padre del actual Rey (entrada gratuita). Construido en arte marroquí tradicional presenta ricas decoraciones de madera policromada, estuco, mármol esculpido y bronce cincelado.



Foto: Mauseoleo de Mohamed V
Autora: Marta Leonor Vidal García

De vuelta hacia el hotel me acerqué a echa un vistazo a los exteriores del Palacio Real que no es visitable.

Al día siguiente a primera hora cogí un taxi para acercarme a visitar Chellah, un complejo en ruinas que fue un antiguo poblado fenicio, cartaginés y romano donde se mezclan las ruinas de la antigua ciudad romana de Sala Colonia y la necrópolis meriní de Chellah. Una muralla rojiza rodea a la necrópolis, a la que se accede por una puerta abierta en arco apuntado con dos alminares.

El recinto tiene dos áreas diferenciadas. Una de ellas, la de las ruinas romanas, donde se recorren las ruinas de la entrada del arco del triunfo, el templo de Júpiter y el foro.

 
 
Foto: ruinas romanas de Chellah
Autora: Marta Leonor Vidal García

El otro son las ruinas del complejo islámico con la mezquita y su minarete azulejeado que hoy sirve de nido de cigüeñas, la tumba de Abu al-Hassan, y la madrasa que conserva el mihrab.



Foto: ruinas de la madrasa de Chellah
Autora: Marta Leonor Vidal García

Al salir del complejo de la mezquita, el camino pasa por unas tumbas donde dormían al sol los numerosos gatos del recinto, y unas antiguas termas romanas conocidas como “poza de las anguilas”. Me encantó el sitio. Es muy curioso, un lugar muy tranquilo del que emana un cierto misterio, para pasear entre ruinas, jardines, árboles frutales. La entrada costaba 10 dirhams y el vigilante por una propina acompaña a enseñar el recinto.



Foto: Minarete de Chellah
Autora: Marta Leonor Vidal García

Otra visita interesante en Rabat es la del Museo arqueológico con una importante colección de bronces, estatuas y cerámicas de Volubilis, Lixus, Chellah y Banasa, pero estaba cerrado porque era martes, así que esa visita me la perdí.

Volví caminando desde Chellah a la Avenida Mohammed V (una buena pateada) y de allí ya me dirigí a la Medina y a la Kasbah de los Oudaias.

Desde la Avenida Mohammed V se llega al Boulevard Hassan II y a la izquierda tenemos Bab el Had para entrar a la Medina.



Foto: Bab el Had
Autora: Marta Leonor Vidal García

Tomamos a la derecha la calle Souika, que discurre paralela al muro de los Andalusíes donde encontramos la Mezquita Sliman, la fuente mariní y la Gran Mezquita.



 
Foto: Medina de Rabat
Autora: Marta Leonor Vidal García


La calle Souika continúa en zona cubierta como Suk es Sebbat.



Foto: Medina de Rabat
Autora: Marta Leonor Vidal García

Perpendicular a la calle Souika está la Rue des Consules, por la que se llega a la Plaza Souk el Guezel, desde a la que se va a la Kasbah de los Oudaia.



Foto: Medina de Rabat
Autora: Marta Leonor Vidal García



A la Kasbah de los Oudaia se entra por Bab Oudaia, puerta almohade de 1195. El nombre viene de una tribu árabe bastante belicosa que llegó a comienzos del s. XIII y que estuvo aquí destinada en un contingente.


Foto: Bab Oudaia
Autora: Marta Leonor Vidal García

Encontramos la Mezquita El-Atiqa, la más antigua de Rabat, seguimos por la calle Jami, tomamos a la derecha la calle Laalami y llegamos a la terraza donde se encuentra la Torre de los Piratas. Desde la plataforma del vigía se disfruta de unas bonitas vistas del estuario de Bou Regreg, la ciudad vecina de Sale y la Kasbah. Un poco más a la izquierda abajo hay un barrio de pescadores.



Foto: vistas desde la Torre de los Piratas
Autora: Marta Leonor Vidal García

Volviendo a la calle Jami y deshaciendo el camino de vuelta tomamos la calle Bazu (es la segunda calle a la derecha desde la entrada) y llegamos a los jardines andaluces, un lugar fresco y tranquilo donde algunos aprovechan para dormir la siesta



Foto: Siesta en los Jardines andaluces
Autora: Marta Leonor Vidal García



Observados por un gato curioso:



Foto: Gatos en los jardines andaluces
Autora: Marta Leonor Vidal García



Los jardines andaluces son de creación francesa en la época colonial y un sitio ideal para una pausa tomando un té en el Café Maure con unas bonitas vistas a la kasbah y a Sale.



Foto: vista desde el Cafe Maure
Autora: Marta Leonor Vidal García

Y para comer (era ramadán) encontré abierto el Café restaurante El Bahia, 4 Avenue Hassan II, en el exterior de las murallas de los Andalusíes, junto a Bab El Bouiba, con una terraza agradable que ofrecia menús a 87 dirhams.

Después de comer me acerqué a sentarme un rato en los Jardines Triangle de Vue, que están enfrente, cruzando la avenida, antes de regresar al hotel para salír de nuevo en tren hacia Asilah.

Dejo un enlace útil para las visitas con planos de la Medina y la Kasbah de los Oudaia: Asilaalhalba.com

Anteriores entradas: 21 días en Marruecos; Casablanca.

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